Decálogo para formar un delincuente


                                            
                                                

Como formar delincuentes

 

Emilio Calatayud Pérez (Ciudad Real, 22 de diciembre de 1955) es un magistrado español, juez de menores de Granada, España y conocido por sus sentencias ejemplares. En 2007 ha publicado el libro "Reflexiones de un juez de menores". De este libro se extractan aquí algunas perlas que ilustran el deterioro educativo y la renuncia paternal a educar.

 

Para entender mejor al controvertido Juez, se enlistan algunas de las sentencias que han salido en los medios de comunicación:

 

v  Una condena a 100 horas de clases de informática a un joven que había “crackeado” varias empresas granadinas provocando daños por 2000 €..

v  100 horas de servicio a la comunidad patrullando junto a un policía local por haber conducido temerariamente y sin permiso.

v  50 horas dibujando un cómic de 15 páginas, en el que cuenta la causa por la que le condenaban.

v  Visitas a la planta de traumatología de Granada por conducir un ciclomotor sin seguro.

v  Hace poco tiempo, se popularizó una intervención personal suya en una conferencia. El vídeo en cuestión se puede ver en este enlace, donde defiende el derecho de los padres a ejercer violencia y control estricto sobre sus hijos (http://www.youtube.com/watch?v=K2GTauJT5Vg)

 

En este libro, recopilación que hacen 2 autores ibéricos acerca de las entrevistas, las sentencias y las conferencias que Calatayud Pérez ha ofrecido (editorial Dauro), destaca un "Decálogo para formar un delincuente"  y dice así (pag. 159):

 

                                   "Decálogo para formar un delincuente"

 

1: Comience desde la infancia dando a su hijo todo lo que pida. Así crecerá convencido de que el mundo entero le pertenece.

2: No se preocupe por su educación ética o espiritual. Espere a que alcance la mayoría de edad para que pueda decidir libremente.

3: Cuando diga palabrotas, ríaselas. Esto lo animará a hacer cosas más graciosas.

4: No le regañe ni le diga que está mal algo de lo que hace. Podría crearle complejos de culpabilidad.

5: Recoja todo lo que él deja tirado: libros, zapatos, ropa, juguetes. Así se acostumbrará a cargar la responsabilidad sobre los demás.

6: Déjele leer todo lo que caiga en sus manos. Cuide de que sus platos, cubiertos y vasos estén esterilizados, pero no de que su mente se llene de basura.

7: Riña a menudo con su cónyuge en presencia del niño, así a él no le dolerá demasiado el día en que la familia, quizá por su propia conducta, quede destrozada para siempre.

8: Dele todo el dinero que quiera gastar. No vaya a sospechar que para disponer del mismo es necesario trabajar.

9: Satisfaga todos sus deseos, apetitos, comodidades y placeres. El sacrificio y la austeridad podrían producirle frustraciones.

10: Póngase de su parte en cualquier conflicto que tenga con sus profesores y vecinos. Piense que todos ellos tienen prejuicios contra su hijo y que de verdad quieren fastidiarlo.

 “Y cuando su hijo sea ya un delincuente, proclamad que nunca pudisteis hacer nada por él”.

 

De entre otras ideas que aparecen en el libro vale la pena destacar las siguientes 3:

 

v Da la sensación de que el profesor ha dejado de ser maestro y se ha convertido en profesor de conocimiento del medio,   de matemáticas, etc., pero ya no puede o no le interesa (y posiblemente con razón) inculcar una serie de valores como el respeto o la tolerancia. (p 36).

v Respecto a las correcciones dice la Ley: “las correcciones que se hayan de aplicar por el incumplimiento de las normas de convivencia tendrán un carácter educativo y recuperador, deberán garantizar el respeto de los derechos de nuestro alumnado y procurar la mejor de las educaciones de todos los medios de la comunidad educativa”. El carácter educativo y recuperador que están aplicando los centros es la expulsión. (p 40).

v Ser profesor es estar incluido en una profesión de riesgo y, por tanto, es muy fácil ser denunciado, pero, hoy por hoy, es muy difícil que se dicte una sentencia condenatoria contra uno de ellos en un caso “normal”. (p 45).

 

 

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Autonecrología V y No es Nada de tu Cuerpo


             2 solo 2

             Poesías

     de Jaime Sabines

 

Autonecrología V

 

Te quiero porque tienes las partes de la mujer

en el lugar preciso y estás completa.

No te falta ni un pétalo,

ni un olor, ni una sombra.

Colocada en tu alma,

dispuesta a ser rocío en la yerba del mundo,

leche de luna en las oscuras hojas.

 

Quizás me ves,

tal vez, acaso un día,

en una lámpara apagada,

en un rincón del cuarto donde duermes,

soy la mancha, un punto en la pared, alguna raya

que tus ojos, sin ti, se quedan viendo.

Quizás me reconoces

como una hora antigua

cuando a solas preguntas, te interrogas

con el cuerpo cerrado y sin respuesta.

Soy una cicatriz que ya no existe,

un beso ya lavado por el tiempo,

un amor y otro amor que ya enterraste.

 

Pero estás en mis manos y me tienes

y en tus manos estoy, brasa, ceniza,

para secar tus lágrimas que lloro.

 

¿En qué lugar, en dónde, a qué deshoras

me dirás que te amo? Esto es urgente

porque la eternidad se nos acaba.

 

Recoge mi cabeza. Guarda el brazo

con que amé tu cintura. No me dejes

en medio de tu sangre en esa toalla.

 

 

NO ES NADA DE TU CUERPO

No es nada de tu cuerpo,
ni tu piel, ni tus ojos, ni tu vientre,
ni ese lugar secreto que los dos conocemos,
fosa de nuestra muerte, final de nuestro entierro.

No es tu boca -tu boca
que es igual que tu sexo-,
ni la reunión exacta de tus pechos,
ni tu espalda dulcísima y suave,
ni tu ombligo, en que bebo.


No son tus muslos duros como el día,
ni tus rodillas de marfil al fuego,
ni tus pies diminutos y sangrantes,
ni tu olor, ni tu pelo.


No es tu mirada -¿qué es una mirada?-
triste luz descarriada, paz sin dueño,
ni el álbum de tu oído, ni tus voces,
ni las ojeras que te deja el sueño.

 

Ni es tu lengua de víbora tampoco,
flecha de avispas en el aire ciego,
ni la humedad caliente de tu asfixia
que sostiene tu beso.

No es nada de tu cuerpo,
ni una brizna, ni un pétalo,
ni una gota, ni un gramo, ni un momento:

Es sólo este lugar donde estuviste,
estos mis brazos tercos.

¿you coumprendee?